Lo defino como un desprender paulatino. De las amistades nocivas, de un amor que ya no es, de las cosas chotas de mi familia, de las miradas que no me hacen bien, de los lugares que no elijo. Tomar coraje, respirar hondo y soltar, de a poco. Así (me) funciona.
Al principio cuesta. Uf. Extraño, vacilo, quiero aferrarme de nuevo, cobijarme en lo conocido.
Pero tanto esfuerzo tiene su contraparte, y es la inmensa paz que me invade una vez que lo peor ya pasó; es ahí cuando entiendo que el camino sólo puede ser bueno.
En esta ocasión, aprovechando el fin de año y en continuidad con el proceso en marcha, quise despedir el 2009 dejando atrás una parte de mí que necesita volar. Es uno de los desprendimientos más difíciles, venía debatiéndomelo hacía un tiempo, que sí, que no, hasta que decantó solo. Hoy siento que puedo y que quiero darle cierre.
Este blog cumplió su ciclo. Me voy con un mimo de amiga y una linda canción. Que el 2010 traiga un camión de sueños. Quizás vuelva a encontrarlos, como Minerva o, simplemente, como Catalina.