
Del manual de citas, vas a rogar que este caso no toque a tu puerta.
Un ¿señor? de entre 30 y 40 años, de perfil profesional, con un buen sueldo... ¡y que vive con mamá! ¿Por qué? ¿Se te ocurre algo? ¡Jalou! ¡Porque le gusta! Y lo peor es que te vas a enterar la mañana posterior a tu velada de ensueño, cuando la vieja irrumpa la tranquilidad del momento con un “¿COMISSSTES NENE? ¡TESTOY SUBIENDO EL DESACHUNO BEBÉ!”
Mammoni va siempre gamourosamente vestido, finamente perfumado y maneja un auto último modelo... ¡y si! no paga crédito, ni alquiler, ni impuestos. GRA-TA-RO-LA, ¡vivir de arriba que le dicen! Es galante, divertido y relajado... como cualquier persona a la que su mamá siga esperándola con la comida lista, la cama tendida y la ropita planchada, ¡avivol!
Si por alguno de esos milagros (¿o debo decir desgracias?) de la vida tu relación con este pelele prospera y lográs, a laburo de hormiga, sacarlo de su cómoda y liviana situación... no cantes victoria... ¡éste no sabe ir sólo ni a Pago Fácil! Y te digo más: Todo lo que hacía su mamá ¡lo vas a empezar a hacer vos! Eso descontando que vas a tener que fumarte a la vieja con sus 235 llamados por día en pos de averiguar si el nene está comiendo... y descargar de paso su ponzoña contra la yegua que lo arrancó de sus brazos. Preparáte también para las visitas inesperadas y ni sueñes (¡... ni sueñes!) con contradecir la voluntad suprema, porque el día que decidís decorar el departamento en colores neutros, la vieja va y te cae con una alfombra verde en forma de pescado obligándote a lucirla en tu delicado -antes- baño de petit hotel parisino.
Y guay que oses decir algo contra la abeja reina en frente de su abejorro predilecto (menos buscar en él un aliado). Es bueno que vayas aceptando una triste e inmutable realidad: con el Mammoni siempre, SIEMPRE, vas a ser la segunda.
Así que ya sabés: si lo tuyo son la cocina, la plancha y el lavarropas 24/7, ¡dale para adelante corazón!