Todo lugar tiene su folklore específico. Un ejemplo de ello es el caso de la Loca del Gym, personaje típico y figurita repetida del espacio que la nutre.
A la Loca del Gym se la identifica a simple vista por su look hiperproducido, cuya fórmula consiste en lucir un outfit diferente por día, conservando siempre la misma estructura de base: Ropa deportiva de marca top, mega zapatillas más caras que un alquiler, muñequeras, musculosa ajustada y ombligo al aire que deja al descubierto unos envidiables abdominales. Nunca una remera de “I love Las Toninas”. Nunca jogging de Coto.
Su cuerpo, su templo. La fémina en cuestión se mantiene divina gracias a una dieta a base de barras de cereal y abstinencia sexual (la líbido hay que dejarla para el step).
Para ella cada clase representa un evento importantísimo y el axis de su vida social. Los profesores la aman, los alumnos la siguen. Y ella conversa acaloradamente con todos.
Así como los almuerzos tienen a Chiquita, el gym tiene a la Loca.
La Loca del Gym suele integrar un grupo de elite conformado por otras fundamentalistas parecidas a ella. Dicho grupo se caracteriza principalmente por su ubicación geográfica: Siempre al frente del salón, exhibiendo destrezas y cuerpos que el resto carece. Otro aspecto situacional a destacar es el de la dinámica grupal. Mientras más electrónica/ochentosa la canción, mayor la exhaltación generada; lluvia de adrenalina que se manifiesta en un sinfin de “¡wuuuuuuuuuuu!” al unísono capaces de dejarte sorda de un oído y con el pelo igual a un bishón frise.
¡Qué lindo volver al gimnasio!